SOLO QUEDAN 100 MILLAS !!!
por Er Ñero José M. Aguilera
16 de Junio de 2003
En este histórico día, luego de recorrer mas de 3.000 millas náuticas,
equivalentes a mas de 5.400 Kilómetros, la tripulación del O’Comillas esta
arribando a tierra portuguesa. Es el pedazo de tierra mas occidental de la
Europa moderna, es la isla de Flores, integrante del archipiélago de Las
Azores, territorio Portugués. No podemos verla, ya que estamos navegando al
sur de esta isla, pero… sabemos que está allí, la olfateamos, vemos el
impacto que su presencia tiene sobre el horizonte, vemos nubes típicas que,
cual parasoles, se extienden sobre ella como para protegerla del
incandescente amigo que hoy nos acompaña, como si hubiese pasado la noche
enchufado al cielo cargando la interminable energía que hoy libera. Esas
nubes, producto de la evaporación del terreno, que se condensa al entrar en
contacto con las capas mas frías de atmósfera delatan a la Isla de Flores,
mas allá de la precisión del instrumento de posicionamiento satelital que
posee el O’Comillas, el cual dice que estamos 27 millas al sur de ella.
Pero, la curvatura de la tierra, y la baja altura de la cubierta del velero
impiden que nuestra vista se deleite con ella, al dar el grito
de …TIERRA!!!. Pero, lo gritamos igualmente.
El O’Comillas seguirá impertérrito por unas cuantas horas más y
aproximadamente 230 kilómetros adicionales hacia el naciente, hasta llegar a
otra isla Azoreña, ubicada hacia el centro del archipiélago, denominada
Faial, donde se encuentra la mayor y mejor equipada marina de la zona, en el
pueblo de Horta. Allí descansará la nave y también los tripulantes. Luego,
apenas quedará un pedazo de mar, desde aquí hasta Galicia, que comparado con
el terreno andado luce como poco. Son 920 millas náuticas, o 1.650
Kilómetros, pero como en el mar nada se puede dar por descontado, se
revisarán todos los pormenores para equipar el O’Comillas debidamente para
esta segunda y última etapa de aventura Atlántica.
Las últimas horas y días han transcurrido muy rápido en el Atlántico. Hemos
cruzado no menos de 12 buques mercantes en este pedazo de ruta que cubre los
últimos 4 días. Con ellos, en su mayoría.., no se habla… no se conversa,
solo se los ve pasar inalterados por los vientos y olas, camino del
poniente, cargados de “containers” y demás, hacia tierras americanas. Sus
tripulantes van en cabinas muy elevadas sobre el nivel del mar, como
instalados por encima del bien y el mal… con sus modernos equipos de radar,
meteorología y demás instrumentos de navegación, en aire acondicionado.. con
todos los servicios. Son casi seres sobrenaturales.. o en ello los
convierten las leyes del mar que dicen que cualquier nave de tamaño
deportivo, como la nuestra, aun siendo movida a vela debe darle paso,
prioridad, a esos monstruos que se mueven en esta época a mas de 18 nudos
(millas náuticas por hora), es decir mas del triple de la velocidad promedio
del O’Comillas. Solo uno se esos tripulantes, tenía cuerpo y alma,
capacidad de comunicarse …. y ganas. Con él mantuve una breve pero humana
conversación por el radio. ¿ Nos identifica en su radar? …. Pregunté, a lo
cual respondió afirmativamente… pero,… aclaró, no lo tengo a la vista… ¿Cuál
es su tamaño? 49 pies, ¿cual es su rumbo? 87 grados le digo, ….. y me
pregunta lo que yo aspiraba.. ¿Qué hacen en medio de la nada…. Atraviesan el
Atlántico? Cuando le respondo afirmativamente… emite una expresión de
admiración y sorpresa y me dice… buena suerte, buen tiempo y pronto arribo a
su destino… y los felicito por anticipado. De doce … UNO ¡!! Los demás, en
su mayoría ni respondieron, y aquellos pocos que los hicieron … bueno,… solo
dijeron… los escuchamos.. cambio y fuera… o su equivalente, en inglés, el
idioma internacional de comunicaciones marinas en ésta área.
No hay mayores señales de vida animal en este Atlántico…. Algunos delfines
nos acompañan parte del viaje, retozan sobre las olas aquellos días de
oleaje liviano y nos dicen adiós, en su lenguaje acostumbrado. Algunos peces
voladores.. no tantos como esperaba, de acuerdo con los testimonios de mi
amigo Renato Bevacqua, quien hace cerca de 50 años hizo esta travesía, al
igual que Andrés Espiñeira, en busca de mejores tiempos y oportunidades en
tierras americanas. Renato …desde Milazzo, Sicilia, hasta Puerto Cabello,
cuenta que fue acompañado permanentemente por esos peces voladores en
grandes bandadas. Pero nosotros, en estas profundidades, de hasta 5
Kilómetros de agua…nada. Mi afición a la pesca me hace probar múltiples
opciones de carnadas artificiales, las cuales solo se pueden ufanar de haber
paseado por estos mares, ya que ningún ser viviente les ha echado diente.
Otras compañeras ocasionales…(NO….. ninguna sirena)… solo las inefables
gaviotas viajeras, presumiblemente migrando hacia lejanos destinos
norteños, donde los deshielos traen materia orgánica y alimento a las
especies marinas que allí se concentran.. y por ende también a las gaviotas
y otras especies de aves migratorias. Algunos pichones, en noches de
borrascas, lluvia y fuertes vientos, vienen a posarse en la cubierta y
cuadro de popa del O’Comillas, y de esa forma se convierten en compañeros de
viaje hasta el amanecer…. Temblando de frío, buscan cobijo que
lamentablemente no tenemos como dar. En esas noches, la cubierta del O’
Comillas también se convierte en una gran nevera húmeda, inhóspita, que
hasta nosotros, los de guardia, o todos, en emergencias, aspiramos dejar
cuanto antes, como no sea para quedarnos por solidaridad con nuestro
compañero de tripulación que toma la guardia. Esos ratos de 3 horas, afuera
en cubierta, con fríos de 6-8º C, vientos, lluvia y movimientos de todos
tipos y en todos los sentidos, son los ratos de arrepentimiento y zozobra,
la parte inevitablemente detestable de esta aventura. Pero, todos sabemos
que todo buen gusto tiene su susto…..
Hemos consumido 400 litros de combustible para movernos los días muy calmos,
o generar la energía que necesitamos a bordo para instrumentos y cocina.
Igualmente hemos consumido 120 litros de agua potable, kilos de comida y
otras bebidas. Hemos ensuciado ropa que no sé si podrá recuperar su estado
inicial, al menos la mía, leído algunos libros, aunque pocos…. Y hemos visto
mar y mar, en todas sus formas, colores y humores. Hoy está de lo mejor que
hemos tenido…. y lo estamos disfrutando. Ahhh… y también acabamos con un
par de botellas de licor (muy comedidos) y, por supuesto, con todo el aceite
de oliva que había en el barco, lo cual ha causado la crisis mas importante
del viaje…..
Y, mas allá de los aspectos materiales, los tripulantes hemos compartido…
muchas cosas que interiormente tendremos que procesar para nuestro futuro
individual y el de nuestra relación familiar o de amistad. Y hemos
aprendido.
Yo, ya casi me siento velerista. Y es que siempre estuve familiarizado y fui
ferviente usuario de las embarcaciones a motor, pertenezco a esa generación
de las cosas rápidas. Eso de depender del viento para moverse…. nooooo,
nunca, mucha gasolina y chola a fondo. Como mi mujer, cuyo pié derecho,
cuando maneja solo tiene dos velocidades: cero o chola a fondo… y lo
menciono, no solo por lo de la chola, sino porque varias veces he soñado que
voy con ella en un carro, manejando la susodicha, por supuesto, para solo
despertarme en el camarote, bamboleándome de un lado a otro, de la misma
manera que uno sufre como cuando viaja con ella de copiloto. … perdón por la
infidencia gordita. En fín, iba a decir que ahora tengo cierto apego a las
velas. Es otra velocidad, pero todos en las cercanías de la llamada tercera
edad perdemos velocidad… cierto??
No sé si podré animarme a otra aventura de este calibre, pero ciertamente he
aprendido del mar, de mi, de la gente, y de otras cosas, y estoy feliz de
haber tenido la oportunidad de haber podido hacerlo. Hasta ahora vamos bien.
Me despido hasta la próxima edición. Ya les contaré mas de las Azores.
Er Ñero Aguilera
N 38º 34’ W 30º 51’
9:16:31 AM
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